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Ilustración con varias etapas para visitar un museo, en donde cada una hay accesibilidad.

La cadena de la accesibilidad

Hace 7 años comenzó la andadura de Calícrates y no se nos ocurre una mejor forma de celebrarlo que una ilustración de Irati Fernández donde explicamos la cadena de la accesibilidad.

Este concepto es muy importante porque no conseguiremos una accesibilidad universal real, hasta que ésta sea un hecho transversal en todos los aspectos de la vida, dicho de otra forma: la accesibilidad no es solo poner rampas y ascensores en edificios.

¿Y entonces, qué tiene que ser accesible? Pues todo, vamos a verlo con el ejemplo del gráfico.

Piensa en una actividad de tu vida, cualquiera, por ejemplo, ir a la piscina, salir de compras, comer fuera de casa o ir a un museo.

Bien, como soy una gran amante de los museos me quedo con este último caso para desarrollarlo un poco más.

En el gráfico vemos en la primera viñeta a una niña que le señala a su padre un cartel sobre una exposición. Efectivamente el primer eslabón de la cadena de visitar un museo es que tengamos la idea de ir. Esa idea puede venir por un cartel en la calle, en el periódico, la referencia de alguien, un anuncio en televisión, etcétera.

Si esa información no es accesible, pues entonces nunca nos vamos a enterar de que existe esa exposición y por lo tanto no se nos ocurrirá nunca ir a verla.

Supongamos que de una forma u otra nos enteramos de la existencia de esa exposición, queremos saber si es posible ir a visitarla en el puente, que tenemos tiempo. Vale, pues lo consultamos en la web del museo o llamamos para informarnos. ¿Y si la web no es accesible o no tiene la información actualizada? Efectivamente, el segundo eslabón de la cadena se rompe y otra vez nos quedamos sin disfrutar de la exposición.

Vale, resulta que sí, que la web está actualizada, tenemos información de precios, horarios…todo en orden. De acuerdo, pero el museo está un poco lejos, no tenemos coche, a ver qué tal está el transporte público. ¡Rayos!!! Es que, para ir a ese museo a ver esa exposición tan chula, solo hay un autobús que no es accesible. Vaya, pues ya había logrado superar los dos primeros eslabones de la cadena y va y se me rompe en el tercero, con las ganas que tenía de conocer ese museo.

Bueeeeno, volvemos a ser positivos, el autobús sí es accesible y nos deja en la puerta del museo, guay, podemos entrar, peeeeeeeeeeeeeero, el personal de atención al público no tiene la formación adecuada: no me dejan entrar con mi perro de alerta médica que me avisa cuando tengo una bajada de azúcar, me dicen que solo pueden dejar entrar a los perros guía de las personas ciegas. Yo me enfado y pienso en protestar, sin embargo, estoy cansada, paso de malos rollos, me voy a mi casa con el alma y la cadena de la accesibilidad rotas.

Venga, otra vez me pongo en el lugar de que todo sale bien, entro al museo y cuando me dispongo a disfrutar de la exposición me encuentro que son todo vídeos subtitulados en euskera y sin sonido…no, no me entero de nada, qué chasco, eslabón roto para variar.

¡Que nooooo, que la exposición si es accesible y está en varios idiomas!!!, Buah, paso una mañana estupenda, que hambre tengo, voy a la cafetería. No puede ser, está en la segunda planta sin ascensor, tendré que conformarme con un paquete de patatas de la máquina de vending de la entrada. Una mañana cultural rematada con un almuerzo de chichinabo porque este eslabón de la cadena nadie lo tuvo en cuenta.

¡Ay no, que me he equivocado, que a la cafetería se puede entrar por otro lado sin escalones! Maravilloso, voy a comer lo que me apetezca, me pongo las botas, estoy muy a gusto y… algo me ha sentado mal, apretón, estoy sudando frío, dónde está el baño, ¿dónde está el baño? ¡dónde está el bañoooooooooooooooooooooo! Tarde, eslabón roto y trabajo para la lavandería.

Mentira, ha sido una falsa alarma, el baño estaba justo al lado de mi mesa, pero la puerta estaba señalizada con una estrella de mar, mira tú por dónde qué creativos, lástima la accesibilidad, pero bueno, vale, lo he encontrado. Así que me doy otra vuelta por la exposición, recorro otras salas del museo y me vuelvo a mi casa. Mmmmm, estoy cansada, es fin de semana, tengo dinero, me voy a dar un capricho, me quedo en un hotel…ahhh que no puedo, que no es accesible ¿Y ahora qué?

Ohhh, resulta que un hostal a las afueras del pueblo es súper humilde pero los dueños son una pasada y decidieron hacer una inversión para tener una habitación adaptada en la planta baja, ¡Mira qué bien!, me encanta, me tratan de maravilla y además ahorro dinero, guay.

Ahora sí vuelvo a casa…no me fastidies, que vine en autobús accesible, pero a la vuelta no hay porque no circula los festivos, es domingo, ¿Pero qué es esto?????????

Pues esto es la realidad de miles de personas que todos los días en todas sus actividades diarias ven cómo los eslabones de la cadena de la accesibilidad se rompen por una cosa o por otra. Por eso es por lo que todo tiene que ser accesible, porque las experiencias aisladas no sirven de nada, porque la accesibilidad no se compone de tiritas o cuerditas flojas, la buena accesibilidad se compone de eslabones fuertes, sólidos, seguros y, sobre todo: continuos.

En este post hemos visto una panorámica general y variada, en las próximas publicaciones detallaremos más cada uno de los apartados para ayudaros a hacer una accesibilidad universal real, conseguir más visitantes y que salgan de vuestros establecimientos con una gran sonrisa y las ganas de volver.

Marcela Vega Higuera, gerente de Calícrates.

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