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Chico comiendo un sánduche en una cafetería con su perro de asistencia a sus pies.

Formación en trato adecuado

Empezamos la serie de temas transversales a la cadena de la accesibilidad, reflexionando acerca del trato adecuado y lo vamos a hacer a través de una anécdota real.

Hace unas semanas fuimos con el equipo técnico de Calícrates para analizar un establecimiento cultural.

Antes de hacer la visita fuimos a comer, como no teníamos claro a qué hora íbamos a llegar, no hicimos reserva, ni miramos dónde comer…íbamos a una ciudad mediana con varios restaurantes.

Yo tenía un buen recuerdo de un pequeño bar cerca de donde habíamos aparcado, así que fuimos directas.

El sitio seguía allí y estaba abierto, pensamos «qué bien, vamos a comer». Cuando dedicamos nuestra mejor de las sonrisas al encargado, pidiéndole una mesa para comer, recibimos una desagradable sorpresa.

El encargado nos dijo que no podíamos comer allí porque íbamos con un perro y se lo prohibía la normativa. Enseguida le explicamos que era un perro guía y que precisamente la normativa permitía su acceso.

Entonces nos repitió que la normativa no dejaba entrar perros donde hubiese alimentos, le comenté que la prohibición de acceso era para las zonas de manipulación de alimentos, que era una zona privada donde ninguna persona del público, con o sin perro guía podía pasar.

Hasta ahí todo bien, hasta que un hombre en la barra de repente gritó: «No podéis estar aquí, a mí me molesta».

Entonces el encargado dijo «voy a llamar a la policía», nos pareció una idea estupenda, así quedaría claro el tema con la ley en la mano.

El cliente del bar no se conformó y se dirigió despectivamente a mi compañera: «pues mientras viene la policía que espere fuera». A lo cual contesté: «en todo caso nos tendrá que pedir que salgamos el encargado del bar».

El hombre se fue enfadado y luego le vimos asomarse y sacarnos una foto, claro sin permiso…se supone que se lo iba a enseñar a la policía, que pena no haber podido estar en ese momento, en fin, nosotras a lo nuestro.

Pues bien, el encargado llamó a la policía y puso el manos libres para que pudiésemos escuchar. La respuesta de la policía fue fantástica, le explicaron de una forma muy correcta y con un lenguaje respetuoso que el perro guía no es una mascota, que la persona ciega puede acceder con su perro porque le presta una ayuda de la cual no puede prescindir, es parte de sí misma.

El encargado nos pidió disculpas, nos dio una mesa estupenda y nos invitó al café después de la comida.

Y me preguntó por qué me había alterado tanto (tengo que reconocer me estaba indignada), la respuesta es muy sencilla:

Nosotras tenemos las herramientas y la información para poder evitar una discriminación, no vamos a permitir que se menoscabe ninguno de nuestros derechos. ¿Pero qué hubiese pasado con una persona sin esas herramientas?

Simple, se hubiese quedado sin comer, se habría vuelto triste y frustrada a su casa, aislada, algo injusto. Mi reacción no fue por nosotras, fue por esas personas que no pueden llevar una vida digna por las barreras, especialmente las sociales.

Por eso es importante la formación en trato adecuado, conocer las necesidades de las personas con discapacidad y la normativa.

Si no hubiese sido por la buena formación de la policía, probablemente habríamos terminado marchándonos de ese bar.

Para el encargado habría sido un mal negocio porque no solo nos perdería como clientas, sino a todo nuestro entorno. La formación en trato adecuado es el elemento que hace que los eslabones de la cadena de la accesibilidad se muevan de manera conjunta, en un sistema bien «engrasado», donde todo fluye y la accesibilidad es real. En resumidas cuentas, un beneficio para todas las personas.

Marcela Vega Higuera.

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