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Persona mayor frente a una cabina de aseos señalizada.

De museo a aseo solo hay dos letras

Si bien el corazón un museo son sus colecciones y su razón de ser las personas, hay servicios mínimos dentro de la entidad que no deben descuidarse.

Es el caso de los aseos, como ya hemos comentado en otros artículos, hay museos de tamaño pequeño que no pueden contar con otras estancias simplemente por una cuestión de espacio. Pensemos por ejemplo en el Museo del Calabozo de Cabezón de la Sal, en el que se visita el cuarto del alguacil y el calabozo, son dos estancias muy pequeñas. Por supuesto este museo no tiene ni taquillas, ni guardarropa, ni mucho menos aseos; además del espacio reducido, el tiempo de la visita guiada no se prolonga más de una hora.

Aquí vuelve a jugar el factor que describíamos en el artículo “Museos que alimentan el cuerpo y el espíritu”, cuando hablábamos de los restaurantes de los museos: puede haber entidades que no presten ese servicio, pero localidades pequeñas se pueden establecer sinergias con otros recursos turísticos de la zona.

Así, si un visitante acude a nuestro pequeño museo  y necesita usar el baño, podemos indicarle el comercio, el aseo público o el recurso más cercano que cuente con servicios.

Ahora bien, si nuestro museo cuenta con un aseo, al menos una cabina ha de ser accesible, siendo la situación más apropiada que haya una cabina accesible en cada cabina de aseos.

En varios establecimientos encontramos una cabina para hombres, otra para mujeres y una tercera cabina adaptada; eso lo consideramos incorrecto porque es como si nos refiriéramos a las personas usuarias de sillas de ruedas como un tercer sexo o personas asexuadas. Si nuestro objetivo es la inclusión y no queremos hacer diferenciación de sexos, entonces tendremos cabinas de aseos accesibles y no accesibles, que puedan ser usados indistintamente por cualquier persona con independencia de su sexo y/o género.

Bueno, supongamos que ya hemos superado ese primer parámetro, tenemos una única cabina de aseo para todas las personas visitantes, estas son las condiciones mínimas que debe tener para que sea accesible:

  • El recorrido desde la entrada, desde la recepción, desde la sala principal de exposiciones y desde el ascensor hasta el aseo, debe ser libre de obstáculos, con un ancho de paso suficiente (al menos 1,20 metros).
  • En todo el recorrido debe estar señalizado el itinerario hasta los aseos y los aseos en sí deben estar bien señalizados (en otro artículo explicaremos en qué consiste la señalización accesible).
  • La cabina de aseo accesible debe estar señalizada con el símbolo internacional de accesibilidad, que consiste en una persona en silla de ruedas.
  • La puerta del anteaseo, es decir, la puerta anterior a la de la cabina, tiene que tener suficiente espacio antes y después, se debe poder inscribir un cilindro de al menos 1,20 metros de diámetro.
  • Lo mismo ocurre con la puerta de la cabina, que además debe abrir hacia el exterior o ser corredera. Esto se debe a que si una persona con movilidad reducida se cae dentro de la cabina y la puerta abre hacia dentro, hay una alta posibilidad de que se quede atrapada porque su propio cuerpo obstaculice la apertura, situación que se agrava cuando la persona se queda inconsciente.
  • Ambas puertas deben tener un ancho de paso de al menos 80 cm.
  • Dentro de la cabina debe haber espacio para inscribir un cilindro al lado del inodoro, de al menos 1,5 metros de diámetro, porque es necesario poder girar para maniobrar dentro de la cabina y luego salir. Esto quiere decir que ese cilindro no puede estar invadido ni por la apertura de la puerta, ni por el lavabo, ni cualquier otro elemento.
  • Una vez dentro debe haber al menos un espacio de transferencia al lado del inodoro (para museos ya existentes), en el caso de museos de nueva construcción o que acometan una reforma importante, debe haber dos espacios, uno a cada lado del inodoro. El espacio de transferencia consiste en un espacio de 80 centímetros de ancho y 75 centímetros de fondo al lado del inodoro, porque la persona usuaria de silla de ruedas se sitúa en este sitio para luego transferirse al inodoro. Se pide que sea doble transferencia porque puede haber personas que no tengan movilidad en uno de sus brazos, o tengan menos fuerza, entonces puede que se encuentren con un aseo adaptado que no les sirve porque acceden al inodoro justo por el lado opuesto al que se ha dejado libre.
  • Otro tema importante son las barras, éstas están pensadas para facilitar la transferencia, así que deben ser abatibles. Si la cabina solo tiene una transferencia, lo más recomendable es que la barra de la pared lateral del inodoro sea fija, para garantizar una mejor sujeción.
  • Las barras entre sí deben tener una distancia adecuada (65 a 70 cm) y situarse a la misma altura (70 a 75 cm).
  • Dentro de la cabina también es recomendable que haya un lavabo, para facilitar la higiene por ejemplo de personas con colostomía.
  • Los lavabos dentro y fuera de la cabina deben permitir la aproximación frontal de personas en silla de ruedas. Lo que significa que tienen un espacio libre de 70 centímetros de alto, 80 centímetros de ancho y 50 centímetros de fondo.
  • El borde inferior del espejo debe situarse a una altura máxima de 90 centímetros respecto al suelo y los accesorios del lavabo deben tener espacio de alcance y situarse a una altura entre 80 y 120 centímetros.
  • La cabina debe tener un cerrojo de fácil manipulación, que se pueda abrir desde el  exterior y con un indicador de libre/ocupado.
  • También debe haber posibilidad de comunicación con el interior ¿Qué pasa si hay una persona sorda dentro de la cabina y le tenemos que avisar que salga porque hay un incendio?, esta es la razón de esta medida de accesibilidad.
  • Finalmente, pero no menos importante, el aseo debe tener un timbre de solicitud de ayuda en caso de emergencia. Las emergencias suelen ser caídas, por lo que este timbre ha de situarse cerca del suelo, a una altura que también sea cómoda desde la silla de ruedas, es decir a 40 centímetros respecto al suelo.

Y hasta aquí nuestra reflexión sobre los aseos en los museos, son dos palabras que apenas las separan dos letras, pero que como habéis podido comprobar, hay varios factores a tener en cuenta para que le podamos dar a nuestro aseo el apellido de accesible.

Os recomendamos el artículo “Accesibilidad con nombre y apellido”, donde se explica más a fondo. También nos gustaría decir que hay más factores a tener en cuenta, por ejemplo cuando se trata de cabinas de aseo dentro de baterías de aseos grandes, lo comentaremos en otro artículo.

Y recordad, la accesibilidad necesita de varios eslabones para ser real y efectiva, en el próximo blog hablaremos de los alojamientos para cerrar el ciclo de la cadena de la accesibilidad aplicada a museos.

¡Feliz verano!

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